Los problemas que causa el aire en las instalaciones pueden ser muchos, pero el principal es, por supuesto, la pérdida de poder calorífico. ¿Por qué? Porque cuesta mucho mas calentar aire que agua… así que si una instalación diseñada para trabajar con agua la tratamos de hacer trabajar con aire, nos encontraremos con que tendremos que calentar el aire mas tiempo y a mas temperatura. Lo que conlleva inevitablemente el siguiente problema: el aumento del gasto del combustible. No solo eso, sino que el aire es, además, mas difícil de transportar con los medios diseñados para transportar agua, así que en una instalación con mucho aire nos encontraremos con una tubería caliente hasta un determinado punto, y a partir de ahí completamente fría, pues una bomba circuladora de agua no puede impulsar únicamente aire. Y en caso de que haya suficiente agua para que la bomba pueda hacerlo circular nos encontramos con un problema mas: los ruidos. ¿Quién no ha purgado un radiador porque oye el gorgoteo que se produce normalmente cuando comienza la temporada de calefacción?

Estos son los tres problemas mas habituales, o mas fáciles de detectar, pero hay otros no tan visibles, como la corrosión: los sistemas de calefacción por agua caliente son sistemas cerrados, en los que el agua circula sin contacto directo con el exterior; en la puesta en marcha de estos sistemas el oxígeno libre que contiene el agua oxida los componentes internos susceptibles, pero dada la poca cantidad de oxígeno libre en el agua, esta oxidación resulta irrelevante, el oxígeno se consume pronto, y el agua queda rápidamente pasivada; al tratarse de un sistema cerrado, no hay nuevo aporte de oxígeno libre que permita continuar el proceso de oxidación, por lo que éste no representa un riesgo para el sistema. Sin embargo, en los sistemas de calefacción que tienen, por la causa que sea, problemas de aire, el fenómeno de la difusión de oxígeno permite la renovación del oxígeno libre en el agua, de modo que el proceso de oxidación de los componentes internos del sistema se mantiene, resultando en la formación de productos de la oxidación (orín, cascarilla), degeneración de componentes, y daños o averías causados por la interferencia de los productos de la oxidación con componentes de la instalación. Esto también dará lugar a otro problema ocasionado por el aire: agarrotamiento de componentes como válvulas, por ejemplo.

Cuando este fenómeno es continuado en el tiempo, la oxidación puede presentar dos tipos de problemas: reducción del diámetro de la tubería, o reducción del espesor de la pared de la tubería, que inevitablemente acabará en fugas. Estos son algunos ejemplos de lo que puede provocar algo aparentemente tan inocuo como es el aire.

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Corrosión en una tubería de cobre

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Reducción del paso de agua de una tubería

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Reducción de la pared de una tubería

Por último, otro de los problemas del aire en las instalaciones es la cavitación, fenómeno que se da especialmente en las bombas circuladoras, y que reduce de forma alarmante su vida útil. La cavitación es un fenómeno que, explicado de forma muy resumida y poco técnica, se produce cuando las burbujas de aire «explotan», produciendo una estela de gas y un arranque de metal de la superficie en la que origina este fenómeno. En la siguiente imagen se ve el efecto de la cavitación en el rotor de una bomba circuladora.

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Ahora bien, ¿cómo evitar los problemas que el aire causa en las instalaciones? Léelo en esta entrada

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